El origen de esta raza se remonta a los perros introducidos por los fenicios en Grecia, más tarde los romanos, al extender su imperio, los introdujeron en el resto de Europa. Estos perros adoptaron el nombre de molosos, al instalarse en los tiempos de la antigua Grecia en la región de Molosia.

A una altura superior a 2.500 metros, en el corazón de los Alpes, se encuentra el Hospicio de San Bernardo, azotado durante casi todo el año por grandes tormentas de nieve. Fue erigido por Bernardo de Menthon, en 1050, justo en el paso que une Suiza con Italia. En aquel hospicio vivía una comunidad de monjes que, además de dedicarse a sus labores religiosas, se encargaba de socorrer a los peregrinos ayudados por unos perros de gran talla e impresionante capacidad de trabajo. Los monjes los criaron durante siglos.

El San Bernardo de pelo largo no aparece hasta el año 1830, momento en el que los monjes le cruzan con razas como el Terranova en la creencia de que un pelo más largo les haría más resistentes a las bajas temperaturas. En 1862 fueron las primeras exposiciones en las que apareció el San Bernardo y su estándar se redactó en 1887. La raza fue criada con profusión por los británicos hacia el año 1830, debido a que por aquellas fechas el precio en el mercado de un ejemplar de esta raza alcanzaba cantidades muy altas. Poco después de la II Guerra Mundial, la raza perdió popularidad, hasta que el doctor Morsiani, de Italia, cruzó ejemplares suizos y alemanes hasta conseguir un tipo de perro que ha alcanzado un gran prestigio mundial.
Nº afijo 012264